Blog de Rivendel

noviembre 4, 2010

Memoria Histórica

Filed under: Uncategorized — johndoggett @ 11:02 pm

 

>

Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos

degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista,
> etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy
> velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando
> tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería
> que cambió la historia de Europa. El 16 de julio se cumplió el 798
> aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del
> Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar
> la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de
> Despeñaperros. Tras proclamar la yihad –seguro que el término les suena–
> contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de
> Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e
> invadir una Europa –también esto les suena, imagino– debilitada e
> indecisa.
>
> Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al
> enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma
> proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que,
> mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León,
> adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda.
> Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir
> en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban
> algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes
> soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las
> milicias concejiles castellanas –tropas populares, para entendernos– y
> 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que,
> como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A
> última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se
> presentó con una reducida peña de doscientos jinetes –Alfonso IX de León
> se quedó en casa–. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros
> entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente
> de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma
> a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de
> las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón,
> haciendo allí de carne de lanza.
>
> La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro
> de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto
> ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades,
> intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado
> sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo –imagino que
> tendría otras cosas en la cabeza–, había plantado su famosa tienda roja.
> La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con
> jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera
> línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda.
> Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que
> leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con
> los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin
> lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser
> crítica para los nuestros –porque sintiéndolo mucho, señor presidente,
> allí los cristianos eran los nuestros–; que, imposibilitados de maniobrar,
> ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a
> quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros
> templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos,
> se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VIII, visto
> el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al
> frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo
> Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando
> espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra,
> viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de
> huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto
> es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las
> Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría
> sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con
> la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.
>
> ¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o
> norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este
> país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni
> la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

1 comentario »

  1. totalmente de acuerdo con su opinión final,
    Somos incapaces de sobreponernos a las chorradas vecinales, lenguas, banderas, envidias y hacer algo bien hecho en este caso el cine.

    Comentario por Arnau — abril 26, 2011 @ 2:02 pm | Responder


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